Ven, entra, parece que se acerca el Otoño y fuera hace demasiado frío, frío en el corazón y en los dedos de los pies. Siéntate, acomódate, no tengas miedo, no te voy a comer..Ahora dime, ¿qué tal el día?
Escucharé cada palabra, observaré cada gesto, retendré cada imagen a tu lado vivida...
Sé que odia que le toquen el pelo y quede despeinado.
Sé que adora las artes, que le gusta jugar a imitar a artistas, que a veces arruga el ceño cuando algo le disgusta.
Sé que le aterra un posible final para el mundo.
Sé que le gusta ver tanto desaparecer como aparecer el sol tras las colinas.
Ver como el tono anaranjado se apodera de la ciudad unos instantes sintiéndose poderoso para dar paso a las luces que aparecen como pequeños puntitos insignificantes.
Sé que prefiere la intimidad, no la soledad.
Sé que no es distante, se reserva.
Sé que quiero saber más.
*******************************************************
Oscilaba su cabeza al ritmo de la música, el pelo ondeaba dibujando extrañas siluetas que se confundían con las miles de sombras que plagaban la habitación de interrogantes.
La música sonaba fuerte, con ritmos latinos y acordes de pub que, junto con al humo, hacían que se elevara hacia un estado de hipersensibilidad, mecida por las notas que casi podía tocar.
Pensaba en sueños, tan irreales que eran capaces de elevarla al cielo o arrastrarla por los suelos.
Aún podía recordar, aún podía sentir cómo había soñado con su aliento, su piel suave y firme que rehuía y se dejaba tocar a partes iguales, que lloraba a gotas calientes, víctima del bombeo de dos cuerpos que se contraían acompasados, víctima de los latidos desmesurados que golpeaban su pecho, víctima del elixir que emanaba de sus bocas, de la fuerza que destilaban sus poros, rabiosos ...arriba...abajo...arriba...abajo... casi podía notar cómo había creído estar tocando el cielo con la punta de los dedos, sus dedos... de repente parón.
Un vacío de irrealidad elevada a la máxima potencia, un agujero negro comparable de un hueco existencial producto de una gran pérdida.
Entonces todo se volvía un amalgama de sensaciones truncadas y el mundo se ponía del revés, todo marchaba a la velocidad de la luz y ya no había más que ruidos, movimientos exacervados de cabeza, manos, pies, dedos...todo se oscurecía o adquiría una luz casi cegadora en cuestión de segundos.
A veces era tirarse al suelo y quedarse en estado catatónico y otras era dar puñetazos a la pared y gritar y sacar por la boca sapos y culebras y quedar sin voz ni nada que decir, volver a empezar, y volver a acabar.
De nuevo soledad.
El humo , casi consumido, aún dibujaba círculos caprichosos que, efímeros, se perdían entre el vacío que volvía a reinar en aquella habitación.
Ya te conocía, en mis sueños, en mi cama, en el puente donde nos vimos por primera vez...
(Ces't la vie, espero que esté correcto, se intenta empatizar e imaginar, mezcla peligrosa :D como siempre, un placer escuchar y poder aportar el granito de arena para colaborar)
No hay comentarios:
Publicar un comentario